miércoles, 5 de abril de 2017

CTO DE ESPAÑA DE DUATLÓN POR GRUPOS DE EDAD: "ladran Sancho, señal que cabalgamos"

Voy a empezar esta historia por una frase que mi buen amigo y gran atleta Moha Bakkali publicó cuando en la primera carrera de la temporada, El Villa de Gijón, fue consciente de que este iba a ser su año:

"Dale valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan"

Y así voy a valorar yo este nuevo Oro en el Campeonato de España de Duatlón en distancia Olímpica/Corta/Estándar (10km a pie, 40 km de bici y 5 km a pie) por Grupos de Edad. Independientemente del mérito que tenga o deje de tener ganar un Campeonato de España de Grupos de Edad, no solo en mi categoría, sino la carrera entera, yo le doy, para mí, un significado que va mucho más allá de la mera “titulitis”.

Primero, hice una de las carreras más completas que recuerdo, mezclando estrategia, sufrimiento y consiguiendo el mayor botín que había en juego. Segundo, las sensaciones fueron espectaculares desde el primer al último metro, dominando mi cuerpo y mi mente en todo momento y sintiéndome más fuerte que nunca. Tercero, partía con la presión de haber ganado el año anterior, con la sensación de que lo que no fuera revalidar el título sería un fracaso, pero fui capaz de quitarme ese lastre, sentirme libre compitiendo y DISFRUTAR. Y cuarto, por fin salió realmente todo lo entrenado hasta la fecha; los madrugones, las horas de sueño robadas, los dolores de piernas… en definitiva, el camino que he seguido, y sigo, de la mano de Ricardo Lanza y Juan Carlos Llamas, dio resultado el pasado Sábado en la localidad castellonense de Vall de Uixó.



Llevaba un par de semanas compaginando duros entrenamientos con competiciones. En los Duatlones de Oviedo y Santander, aunque no me encontré mal, no reflejaron en el resultado, por el motivo que sea, mi estado de forma actual. Tenía la espina clavada y las ganas de ver ratificadas esas sensaciones con un buen puesto.

Tras correr el pasado Domingo el último Duatlón antes del Campeonato de España, tocó una semana regenerativa, una semana de recuperar cuerpo y mente para llegar a Vall de Uixó lo más enchufado posible. El lunes después de Santander, nadé a medio día con Pablo y troté suave por la tarde. El cuerpo estaba aún tocado de la competición y las sensaciones en el trote no fueron demasiado buenas. El día siguiente, martes, tocaba exprimirse por última vez antes de la gran cita castellonense. El míster Ricardo, tuvo el detalle de supervisar y servirme de apoyo logístico en un entreno de multi-transiciones que me dejó un gran sabor de boca. Ritmos mucho mejores que en anteriores ocasiones, corriendo con intensidad por el circuito del prado de Soto de la Marina un 3000 a pie, seguido de 10 km en bici al 95% de mi FTP, transición rápida y otros 3000m a pie más alegres, seguidos de 8 km de bici al 95% de mi FTP, de nuevo zapatillas y a por un 2000 a pie más fuerte, a continuación 6 km de bici con todo lo que tenía para rematar la faena con 1 km final a pie a ritmo de competición. Con las piernas cansadas pero la mente fresca y motivada, dejé que el paso del tiempo y las manos de Ingelmo hicieran el trabajo de recuperación.

Voy a cogerle manía a la banda sonora de Piratas del Caribe. ¡qué tensión!

Así llegué al viernes, víspera de carrera, y también día de viaje. Fueron siete horas en coche hasta Vall de Uixó, en las que utilicé cada parada como excusa para trotar un rato y activar. El tono muscular se pierde rápido y conviene mantener las piernas vivas las horas antes de competir. Llegamos tarde a la localidad castellonense, así que tras una cena ligera nos fuimos a dormir.
El sábado aproveché que la carrera era a las 17:00h para dormir todo lo que el cuerpo me pidiese, que fue mucho. Un trote mañanero también para activar ratificó que el estado de recuperación era bastante bueno. Confianza al 100% y ¡a por todas!

En dirección a la zona de salida me comenta Barroso que Ángel Salamanca, actual subcampeón de España Élite de Triatlón de Larga Distancia (Ibiza 2016) será de la partida. Aunque no es de mi grupo de edad, saber que gente de su nivel va a estar compartiendo carrera conmigo supone un plus de motivación. Yo tenía controlados a los rivales de mi grupo de edad (25-29 años) con quien me iba a jugar las medallas. Y la cosa iba  a estar difícil, porque Aleixandre Rodríguez era uno de ellos. Ya nos conocemos de anteriores luchas, pero la más sonada y de la que me quedó un regustillo amargo, fue cuando él se hizo con la plata en el Mundial de Duatlón de Avilés, el pasado año, relegándome a mí al bronce. Aunque amigos, un rival duro en carrera y que llegaba fuerte este año tras ser 9º Elite en el Cto de España de Duatlón de Larga distancia de Orihuela.

Hablando con él antes de la carrera, ambos éramos conscientes de las altas probabilidades de jugarnos entre nosotros el oro y la plata. También comentamos la casuística que se podía dar en carrera y acordamos, en caso de coincidir en el sector ciclista, trabajar juntos para asegurar la medalla y jugarnos la victoria en el último segmento a pie. Demasiadas cábalas hechas, pero a mí me gusta pensar diferentes estrategias antes de salir, aunque luego haya que improvisar. Otro de los factores a tener en cuenta era el gran nivel de bici de Ángel Salamanca, que podía ser una baza también importante.

Con algo de retraso, 20 grados, sol y mucho viento, empezó a sonar la banda sonora de Piratas del Caribe, preámbulo de las salidas en los Campeonatos de España. Me coloqué en primera fila, no quería sorpresas, y con tensión aguardamos el famoso “¡A sus puestos!”. BEEEEEEEEP

Hoy sí que era un día para salir controlando desde el principio

Sin tiempo para darle al Garmin me vi desbordado por la muchedumbre en los primeros metros. ¡Qué manía de salir al sprint! No había problema de espacio, así que, pese a quedarme un poco encerrado en el grupo, a los pocos metros pude progresar. Por delante teníamos cuatro vueltas de algo más de 2600 metros cada una, con una cuesta al 12% de unos 70 metros y el resto bastante llanito. Eso sí, los giros de 180 grados y los pasos por las glorietas hicieron que la carrera a pie más bien pareciera un concurso de patinaje ¡cómo resbalaba ese asfalto!

Kilómetro 1: Rafael Zapata coge la iniciativa del grupo y mete la directa
Pongo la mirada en el mono amarillo de Ángel Salamanca, la rueda a seguir, y me sorprende que sea él quien tense al grupo en el primer kilómetro. Pasado este punto, el ritmo se ralentiza y la serpiente multicolor, que empezaba a estirarse, se vuelve a juntar. Es en ese momento cuando el duatleta local y ganador de la última edición del duatlón de Vall de Uixó, Rafael Zapata, mete la directa y con un cambio brusco se escapa del grupo. "¿salgo o no salgo?" Decido no hacerlo; llevamos solo 1,5 km y queda mucha carrera, no se pueden quemar balas y más cuando el éxito pasa por tener controlado a Salamanca.

Mamá pato y los patitos
Pese a esa reflexión, en el kilómetro 2 considero que el ritmo al que íbamos era demasiado pobre y paso a comandar el grupo. Zapata nos saca unos 70 metros, y yo empiezo a marcar parciales de 3:15’/km sin mirar atrás. Es demasiado pronto, pero alguien tenía que tomar la iniciativa. Pasamos la primera vuelta y me percato de que el ritmo está haciendo daño en el pelotón. Cada vez somos menos y más estirados, y yo me encuentro genial, con un par de marchas aún en la recámara.

Esa glorieta la habían lijado por la noche ¡cómo resbala!
A mitad de segunda vuelta consigo contactar con Zapata y, al mirar de reojo para ver quien me seguía, solo veo a Aleixandre. Buena y mala señal. Él es, de entre todos, el rival con el que me voy a jugar las medallas, pero a la vez es un buen compañero para escaparse en bici.

Sigo tirando toda la segunda vuelta y en cada giro voy mirando a qué distancia viene Salamanca. Se había quedado unos 20 segundos por detrás e comandaba ese segundo grupo de carrera. En la tercera vuelta empiezo a tirar de calculadora, aunque de vez en cuando pego un pequeño arreón para testar a mis compañeros de grupo. Las buenas sensaciones siguen acompañándome y, pese a llevar varios kilómetros dando la cara frente al viento, me noto aún con mucho margen. 

uiiii que me escapo

Las vallas no las tiramos nosotros, tranquilos jejeje. Creo que queda demostrado que hacía viento

Entrando en la T1. Always first!
El objetivo era claro, llegar a la primera transición con un hueco suficiente con Ángel, esperar a que nos cogiera en bici e intentar colaborar. La duda estaba en cuántos duatletas se traería a rueda desde atrás. Lo ideal era que viniese solo, pero eso ya no lo podíamos controlar. Corriendo con cabeza y guardando mucho llegamos escapados a la T1 Zapata, Alex y yo. Bajada ratonera por la alfombra azul, sprint final entre las barras de boxes hasta llegar a la bici, zapatillas de correr fuera, casco puesto, dorsal atrás y “¡alehop!” Empieza el sector crítico, en el que va a tocar sufrir más de la cuenta.

Zapata, Pelayín y, al fondo, la locomotora Salamanca
Me tomo los primeros metros con calma. Bebo, me calzo, aseguro bien las zapatillas y, aunque mis compañeros de fuga van 50 metros por delante, no me preocupa, pues en breve va a llegar a locomotora amarilla. Dicho y hecho, los mejores pronósticos se cumplen y, antes del kilómetro 1 me veo sorprendido por Ángel Salamanca, que me pasa como un rayo ¡MIERDA! Me había pillado a contra pie y justo en la zona de rotondas, donde él iba bastante más rápido.

A punto estoy de tirar a la basura la carrera en el segundo kilómetro de bici, pero ¡NO! No había ido hasta Vall de Uixó para dejarme perder de esa forma, así que apreté el culo, las piernas y hasta las uñas, y me pegué el calentón del siglo para recuperar esos metros, antes de que él contactara con Zapata y Álex. Si lo hacían antes de que yo le cogiera, estaba perdido. Jugándomela más de lo que me gustaría en las glorietas consigo mi propósito y llego a su rueda. ¡Puffff! ¡Casi la lío!

Respiro antes de empezar a apretar las bielas
Sin tiempo de pensárselo nos ponemos de acuerdo para entrar todos al relevo. Relevos cortos, de pocos segundos, que se hacen durísimos. No escatimo en gasto porque cualquier signo de flaqueza en ese momento o de falta de colaboración puede provocar incertidumbre y desconfianza en mis compañeros, y eso no lo quiero, quiero una bici constante, aunque sea sufrida, pero constante. En ese momento somos 5 duatletas en cabeza, pues Salamanca se había traído con él a otro chico del grupo perseguidor.

Voy bastante ciego en la ida de la primera de las cuatro vueltas, aun sin haberme recuperado del calentón, pero en la bajada antes de dar el giro para volver, nos tomamos un respiro y vuelvo a recuperar el aliento. Al llegar a la rotonda de media vuelta hago la "goma" con mis compañeros. Soy más cagón que ellos a la hora de tomar los giros, y prefiero asegurar, aunque eso me cueste luego tener que pegarme un achuchón para enlazar. Ya de vuelta tocaba subir un alto de 2,5 km al 4% que, con viento a favor se hacía muy llevadero. Subimos ligeros y es en ese tramo del circuito donde mejor me veo. Sin duda el haber bajado de peso tiene sus ventajas cuando la carretera se empina. Coronamos el Alto y nos echamos hacia abajo hasta la rotonda de giro, situada a 1 kilómetro de Vall de Uixó, completando la primera de las 4 vueltas sin incidencias.

Grupeta de Sábado... como los de la Renault
Empezamos la segunda de la misma forma pero con un integrante menos. El chico que venía con Salamanca se había quedado descolgado en la subida, así que solo éramos 4 y los relevos se hacían más duros. Empezamos en esta segunda vuelta a encontrarnos con doblados, lo que dificultaba el paso por las glorietas y también el ser capaz de coger referencias con nuestros perseguidores. Aunque esto último me daba igual, íbamos “follaos” jajaja. Pocas veces tuve más claro que no nos iba a pillar nadie. Con esa tranquilidad en mi cabeza, tan solo quedaba centrarse en seguir trabajando en el grupo, concentrados y sufriendo. Me costaba encontrar momentos de respiro para beber, y estos los tenía, paradójicamente, cuando la carretera se ponía hacia arriba. También tenía que vigilar no perder mucho la estela del grupo en las cuatro glorietas del principio de cada vuelta. Eran como una pista de patinaje y ahí siempre me quedaba unos metros que luego recuperaba.

De esta forma fueron pasando los kilómetros hasta entrar en la última de las cuatro vueltas. En uno de esos momentos en los que pasamos por la rotonda y me tengo que pegar el calentón para enlazar, veo que Salamanca muestra un poco de disconformidad con nuestra forma de colaborar y nos ataca. Esto no me gusta, pero es lo que hay. Salgo detrás y enlazo rápido, poniéndome a tirar sin pensármelo, como muestra de querer seguir colaborando. Nos volvemos a organizar y a pasar el relevo. “Espero que esta situación dure, al menos, hasta 3 kilómetros antes de la transición”, pienso. Dicho y hecho; ya camino de Vall de Uixó Ángel se fija en los dorsales y nos dice a Alex y a mí que somos los únicos del grupo que tenemos que jugarnos la medalla. Zapata y él tenían el oro asegurado al ser de categorías distintas. En un acuerdo silencioso, tanto Álex como yo bajamos el pistón y aflojamos para llegar frescos a la T2. Ahora sí, Salamanca ataca y se va, pero ninguno de nosotros hacemos el amago de salir. Mi lucha está con Álex, y, aunque haga ilusión ganar la carrera y este movimiento pueda ser definitivo para ello, tengo que vigilarle a él.

Marcaje férreo entre nosotros
Entramos en Vall de Uixó Zapata, Álex y yo juntos; 20 segundos por detrás de Ángel. Nos bajamos de la bici y… ¡ZASCA! Según empiezo a correr descalzo por el duro hormigón de la zona de boxes siento un dolor infinito en los pies. No puedo a penas correr y Álex aprovecha para  escaparse unos metros. Al llegar a mi sitio e intentar ponerme las zapatillas, se me atascan un poco y cuando empiezo el último segmento veo que voy 15 segundos detrás de mi rival. ¡MIERDA! Otra cagada en el peor momento y con solo 5 kilómetros por delante en los que parto tercero (segundo de mi grupo) y con un hándicap en forma de segundos que me va a obligar a correr al 200% para remontar.

Saliendo de boxes con todo
Nada más salir de boxes tenemos que subir la cuesta, que, aunque corta ¡cómo “cuesta”! Voy bastante atascado los primeros metros aunque en la bajada me suelto un poco. “Pelayo, tú a tu ritmo, no te obsesiones con recortar y vete a tu ritmo, que lo tienes y es muy bueno”, trataba convencerme a mí mismo. Pero los nervios iban en aumento cuando pasamos por el kilómetro 1 y no había sido capaz de recortar.

¡Nada! No voy sufriendo a penas jeje
A mi cabeza vinieron entonces los recuerdos del último sector a pie del Mundial de Avilés del pasado año, donde, aun llegando en un gran estado de forma y habiendo empezado a correr el último 5000 junto a Alex, este me había machacado en el kilómetro final. Pues ahora estaba la cosa más complicada: mismo segmento, pero ya con unos cuantos segundos perdidos. Apuré mis últimas esperanzas de hacerme con el oro en un segundo kilómetro agónico, pasándolo a 3:09´/km. Y ahí sí, ahí sí conseguí echarme encima de Alex. Ese hueco, imposible de cerrar al principio se redujo rapidísimamente. Buena señal, aunque fuera a base de hacer un sobre esfuerzo por mi parte y con más de media carrera a pie por delante.

Contactando con Salamanca en el kilómetro 2
Llego a su espalda y sin pensarlo le paso aumentando una marcha, para no dar opción a que me siga. No miro hacia atrás, voy con todo y muriéndome, tanto, que sin darme cuenta también adelanto a Salamanca y me pongo primero. ¿Y ahora? Queda una vuelta entera, 2,6 kilómetros ETERNOS, donde tengo que aguantar el tipo. 

¿dondé está la cámara?
Sorprendentemente, las sensaciones me siguen acompañando y cada vez oigo más lejos los aplausos del público a mis perseguidores (sistema que utilizo como referencia para saber a qué distancia van, pues no me gusta mirar hacia atrás). Decido esperar al punto de giro para hacerme una idea real de la situación. Dicho punto está a 1,5 km de meta, todo en línea recta, picando hacia arriba y con el viento en contra. Una tortura psicológica de no ser porque al girar me percato de que el hueco con Salamanca es de medio minuto y con Álex es ya, casi, de un minuto. ¡Lo tengo hecho!

Dosifico lo que puedo en los últimos compases, no me quiero confiar tampoco, y me voy marcando metas a corto plazo: un árbol, un banco… hasta que por fin llego a la alfombra azul y oigo al speaker decir mi nombre. Disfruto como nunca de la recta de meta, saludo, lo celebro y revalido el título de Campeón de España de Duatlón Olímpico por Grupos de Edad, repitiendo victoria absoluta, al igual que hiciera un año antes en Cerdanyola. A 45 segundos llega Ángel Salamanca y a algo más de un minuto entra Zapata, que le arrebata a Alex el tercer puesto en los últimos metros.


just happy
Satisfacción, alegría y paz interior me embargan los primeros minutos. He hecho una de las carreras más completas que recuerdo y con la certeza de que las buenas sensaciones de hoy son solo el punto de partida para todo lo que viene.





Ahora a seguir cumpliendo sueños, objetivos y a luchar por que cada meta que se consiga, signifique mucho para mí.

martes, 28 de marzo de 2017

DUATLÓN DE SANTANDER: Historia de un tercer puesto o de cómo tirar a la basura una carrera en los primeros metros

"No hay dos sin tres", dice el refrán. Pues esta vez me puse terco e intenté evitar que se cumpliera el dicho. Porque ya eran dos las carreras que llevaba sin subirme al pódium y hoy, en el Duatlón de Santander, podía caer la tercera. ¿Habremos conseguido salvar los muebles?

Una semana tranquila en todos los sentidos y en la que, después de ser séptimo en Oviedo, a penas tuve tiempo de darle dos vueltas a la carrera, pues siete días después teníamos otra cita con el Duatlón, esta vez en Santander, en un clásico del Circuito Cántabro y que a su vez proclamaría a los vencedores Universitarios de la especialidad. Ya no recuerdo cuantos años llevo disputando este título, pero siempre hace ilusión competir por ese trofeo, que supone un aliciente más para esta competición.
Además del título Universitario, en el Duatlón de Santander se ponían en juego unos jugosos puntos para el Circuito Cántabro, al que, en principio no iba a optar, pero gracias a un cambio de fechas de última hora, sí que puedo tener alguna opción de completarlo. A Santander llegaba líder y de Santander líder me voy, por lo que se mantienen intactas las opciones.


Después de un Sábado invernal en el que no paró de caer agua en la capital cántabra, el Domingo amaneció despejado, algo ventoso, pero con una temperatura ideal para competir. Bajé al Parque de las Llamas, escenario de la carrera, con una hora de antelación. La puesta a punto había sido buena y las sensaciones en las piernas también lo eran, pero como dice el míster, luego esto hay que demostrarlo en carrera, así que no vale conformarse con sentirse bien, sino que hay hacerlo valer.


El Duatlón de Santander se disputa sobre distancia sprint (5/20/2,5) y con drafting, dando dos vueltas a las Llamas a pie, cinco vueltas de bici por la S-20 y una vuelta a las Llamas para terminar. Con la nómina de inscritos que figuraban en la lista, había una cosa clara: Karich Moussa (séptimo mejor duatleta del mundo; y no lo digo yo, lo dice la clasificación del último mundial en Avilés) debería ganar sin despeinarse. De ahí para atrás, estaba todo muy abierto, aunque según la estrategia de carrera que se diera podía haber variantes. En mi cabeza estaban todas las posibles, algunas me gustaban más y otras menos, pero tenía pensadas todas las alternativas. ¿Cuál se dio? pues la que menos quería que sucediera: que Pepín y Karich se entendieran e hicieran la carrera solos desde el principio. A pie no tengo nivel para seguirles, y si se daba el caso, habría que conformarse con luchar por el tercer puesto. Pero la lista de candidatos a las dos plazas de pódium restantes era más amplio: Nieto, Toñín, Pablo Herrero, David, Mendiguchía, Ander...cualquiera que anduviese hábil  y rápido en las transiciones, podía optar a pódium.


Se dio la salida con puntualidad y Karich toma las riendas del pelotón a un ritmo endiablado. Pepín sale a su estela y detrás Toñín, que aguanta el ritmo suicida los primeros 500 metros. Tengo la sensación de haber salido rápido, pero ¡joder! ¡Estos dos están volando por debajo de 3'/km! En los primeros 150 metros tiro a la basura la carrera, y en frío me pregunto qué habría pasado de haber extendido un poco más el calentón inicial y tratar de coger la espalda de Pepín. Pero elegí caballo perdedor, como luego se pudo ver. 


Aún así, no quise mirar el ritmo en el reloj porque podía darme una taquicardia, pero a posteriori vi que el primer kilómetro lo había pasado a 3:03'/km .... "¡Y voy descolgado!" Al paso por el puente, Karich y Pepín nos sacan a Toñín y a mí unos 15 segundos ¿qué es esto? Sigo apretando y me quedo solo en el tercer puesto, en tierra de nadie, sin pena ni gloria y pasando el segundo kilómetro a 3:05'/km... y ya son más de 20 los segundos que pierdo con cabeza de carrera. Viendo la abismal diferencia con ellos, decido correr con cabeza la segunda vuelta. Voy fuera de ritmo y completamente solo, por lo que esperar al grupo de detrás es la única opción que tengo para poder enlazar.


Primera parte de carrera que sucede según mi previsión más pesimista: Pepín y Karich llegan solos a boxes, se suben juntos a la bici y se entienden para darse relevos. Yo llego a unos 45 segundos, hago una transición tranquilo y apuesto mis cartas a dejarme coger por el grupo que viene detrás, con la ilusión de que tengan todos interés por tirar e ir a por los dos líderes.


Segunda parte de carrera que también sucede según mi previsión más pesimista: me pillan, intento tirar o animar a la gente, pero nada... allí nadie entra. Es entonces cuando hay que cambiar el chip y asumir lo que toca, una bici a "cara de perro", en un grupo con gente como Toñín, a la que le encanta jugar al gato y al ratón, escaparse, dejarse coger, volver a escaparse.... Ese plan nos perjudica a todos, pues los dos primeros, aunque no vayan rápido, yendo organizados es imposible que les cojamos. 


Empiezan a pasar las vueltas, cada vez con más tensión en el grupo. Hachazo tras hachazo en los giros de 180 grados, donde las piernas se ponen al rojo vivo para no perder comba, y luego... parón. Nos miramos, nos vigilamos, nadie tira... hasta que alguno enciende la llama de nuevo. Y así cinco vueltas.


Tras salir indemne de los cuatro primeros giros, en el quinto Toñín da el golpe definitivo, y esta vez no va de farol. Consigue 100 metros de ventaja y se escapa con el duatleta del Reinosa Ruíz. Los dos se entienden y empiezan a abrir hueco. Mendiguchía parece el único de los de detrás, interesado en contactar, pero es que a menos de 2 kilómetros para bajarnos a correr nadie quiere gastar un ápice de fuerzas e hipotecar el resultado en el último sector. Ya llegando a boxes decido poner ritmo en el grupo y limar la diferencia con los dos escapados. Mendi le da continuidad y con las piernas duras como farolas llegamos a la transición unos 10 duatletas juntos, dispuestos a luchar por la plaza de pódium que aun no tenía nombre.


Quizás aturdido por la escabechina de la última vuelta o simplemente porque soy un paquete en las transiciones, pierdo mucho tiempo en el cambio, al menos, más que mis compañeros de bici, y empiezo a correr muy distanciado de Pablo Herrero y Ander, que tras una fugaz transición cabalgaban en dúo hacia ese tercer puesto de pódium.



Yo, a unos 70 metros de distancia y con 5 o 6 duatletas por el medio, era un espectador más de la tremenda lucha entre el del Trisport y el del Santander. Pero mi rol de espectador a partícipe tardó en cambiar lo mismo que las dos farolas, que en ese momento llevaba puestas como piernas, tardaron en reaccionar y dignarse a correr ligeras. 


Tras superar la primera rampa de subida y la misma de bajada, me coloqué sexto, ya a un ritmo decente, pero no suficiente para dar caza a Pablo y Ander ¡Cómo corren los condenados! Tuve que darlo todo para enlazar con ellos antes de la mitad de vuelta. Llego asfixiado y tengo que tomarme un respiro, pero tampoco quiero dar signos de debilidad, así que casi sin pensármelo acelero en un cambio un poco suicida pero que bien puede valer un pódium. Me hizo gracia el gesto de Ander nada más contactar con ellos. Una señal con el brazo como diciendo: "tira tira". Agradezco tu confianza pero no te creas que tenía yo mucho para tirar, aunque ya que puestos había que disimularlo jajajaja.


Encaramos el último kilómetro de vuelta E-TER-NO, por la parte de abajo del Parque de las Llamas. Voy con todo, no hay más, y sé que me van tosiendo en el cogote. Conforme pasan los metros percibo que me estoy distanciando de Pablo y Ander, y es, sólo, a falta de 400 metros cuando confirmo, de reojo, la percepción que ya no me seguía nadie cerca. Efectivamente, el hueco ya es de más de 100 metros y yo estoy llegando a meta. Me dejo ir, cojo aire, me acicalo para la foto (esto es mentira pero hay que posturear un poco, en realidad sigo corriendo con cara de cordero degollado jeje), y entro en meta tercero y primer universitario, por detrás de Karich Moussa y Pepín, en otra liga ambos.


Me voy contento para casa, pero a medias, porque aunque se luchó y se hizo todo lo que se pudo al final, ya en los primeros metros escribí la "crónica de un puesto tirado a la basura". La "mano" de cartas me salió rana, pero hay que saber jugarlas y sacarles el máximo partido. No siempre se gana, así que cuando no se hace, el empate tiene que dejarte contento. Eso sí, la próxima vez pienso salir con mentalidad ganadora, luego ya la carrera nos pondrá en nuestro sitio.

"Si tiramos corto, la bola no va a entrar en la puta vida. Si tiramos largo, podemos mandarla a tomar por el culo, pero también tendremos alguna opción de que entre en el agujero"

¡Nos vemos en una semana en el Campeonato de España de Duatlón en Vall de Uixo!


PD: Fotos cortesía de Alfredo Poomusaieva, Yaiza Natural Herrera y Arantza Fernández. ¡Muchas gracias!

domingo, 19 de marzo de 2017

DUATLÓN DE OVIEDO 2017: Contraste de sentimientos. Circuito precioso, seductor, pero peligroso

Este año, con el cambio de Presidente en la Federación Asturiana de Triatlón, parece que las cosas se están haciendo mejor y con más mimo. Prueba de ello está en el esfuerzo que se está haciendo por organizar un circuito de Duatlón, Triatlón, Duatlón Cross y Acuatlón súper completo y lleno de pruebas nuevas ¡Enhorabuena y gracias por ello!  Entre ellas se programó este fin de semana el Duatlón de Oviedo, Campeonato de Asturias de la modalidad. Siempre es un lujo correr en casa, ya sea en la San Silvestre, en los 10 kilometros o en un duatlón. En este caso la novedad de la prueba residía en su ubicación, en pleno centro de la ciudad, con los boxes en el Paseo Los Álamos, frente a la Escandalera, mismo escenario que la salida y la meta, y circuitos que recorrían el corazón de "Vetusta".

Sonrisa forzada antes de empezar (Foto: Luis Cue)
Con mucha ilusión me inscribí a esta prueba, pero el día no empezó de la mejor manera. Fue mañana de "orbayu" en la capital asturiana, lo que unido al ratonero y deslizante circuito ciclista, hacían de este sector un verdadero peligro. Los más duchos sobre las dos ruedas se frotaban las manos, los más torpes, como yo, llegábamos timoratos a línea de salida.

No me gusta sentirme derrotado antes de empezar, pero si algo tengo claro desde que empecé a practicar este deporte, es que no pienso poner en riesgo mi integridad física dentro de lo que yo pueda controlar. Hoy, la de Oviedo era una carrera que me gustaba: duatlón sprint, con drafting, y grandes rivales con los que batirse el cobre. Además llegaba en un gran momento de forma, con muy buenas sensaciones entrenando y ritmos que van mejorando día a día y con ganas de plasmarlo en un buen resultado. Sin embargo, esas condiciones para la bici me hicieron pensar más allá de la propia competitividad que llevamos dentro los triatletas, y con la mente fría darme cuenta de que no era un día para arriesgar. Intentaría salir en el primer 5000 con los primeros, llegar a boxes con un buen calentón, pasar la bici sin percances, y luego correr un último 2500 con todo lo que tuviera.

A las 10:30 am fuimos llamados por orden de dorsal a línea de salida... ¡Primera en la frente! Yo tenía el dorsal 207, así que cuando llegué a colocarme al arco de salida me vi atrás del todo, y sin posibilidad de avanzar puestos. Todos quieren tener buena posición en carreras tan cortas y explosivas, así que no me quedó otra que resignarme y salir en vagón de cola.

No busquéis que no se me ve... jejeje  (Foto: Luis Cue)
Bocinazo al aire y como sardinas enlatadas fuimos pasando por el embudo del arco azul de salida. Cincuenta metros de trote hasta la primera curva cerrada y estrecha a la derecha, y empezamos a serpentear por el Parque San Francisco. Voy muy retrasado y no encuentro huecos para avanzar hasta que no coronamos en la parte alta del Parque, en el paseo paralelo a Santa Susana. Hemos recorrido ya 800 metros, y al levantar la cabeza para situarme , atisbo la cabeza de carrera unos 100 metros por delante, con el corredor Internacional con Barhain y sexto del mundo, Karich Moussa, liderando un grupo muy estirado. No hay cortes, pero esos 100 metros perdidos me matan.

Fui "telonero" en la salida  (Foto: Luis Cue)
Contrariamente a lo que suelo hacer para avanzar posiciones (pegarme un calentón rápido para enlazar) decido ir poco a poco progresando, sin obsesionarme, y a ritmo. La táctica funciona, pues antes de empezar a bajada hacia el Paseo Los Álamos y encarar el primero de los dos pasos por meta, ya había conseguido contactar con cabeza de carrera. Momento en el cual Karich empezó a tensar la cuerda y en el grupo nos quedamos unos pocos: Bayón, Barroso, Zapico, Lionel, Ciro, Diego Martín, Aurelio y yo mismo. Las sensaciones eran buenas y al inicio de la segunda vuelta ya me coloqué detrás de Karich, junto a Bayón. Quizás me hubiese venido bien un poco más de ritmo en este segundo giro. Viniendo desde atrás y pese a la "mini" remontada de cien metros que tuve que hacer, me veía con fuerza para tirar un poquito.


Paso por la primera vuelta. Ahora sí me podéis buscar  (Foto: Luis Cue)
Juntos, este grupo de unos diez corredores, completamos la segunda vuelta al exigente, pero corto, circuito sube y baja por los caminos interiores del Parque San Francisco. Se avecinaba la debacle. ¡Qué pocas ganas de subirme a la bici!

Llegamos a la transición y Karich, que tenía la bici justo dos puestos delante de mí, se despista un poco y se frena antes de tiempo, quedándome liegramente taponado y teniendo que indicarle que siguiera hasta donde teníamos las bicis, gesto que me agradeció a final de carrera y por el que a mí también me ha ganado este chaval. Ser sexto del mundo Elite, correr en Oviedo y valorar gestos como este venidos de un pipiolo como yo es de agradecer y dice mucho de su persona. ¡Un crack!

T1 detrás de Dani Bayón, Campeón de Asturias hoy en Oviedo  (Foto: Luis Cue)
Hago una transición más o menos buena y me subo a la bici con Bayón y Karich. Estoy en la pomada, pero tengo los segundos contados. Exactamente los mismos que tardamos en llegar al primer giro de 180 grados. "Suelo mojado + pintura de pasos de cebra en el asfalto = No te la juegues que te la pegas". Y ahí se terminó mi carrera. En ese primer giro vi alejarse a Karich, Barroso (que había hecho una súper transición y consiguió unos metros de ventaja al principio del segmento ciclista), Bayón, Aurelio, Diego y Ciro. Me quedé más solo que la una, con 5 vueltas que dar al Parque San Francisco, entrando en cada una de ellas por Fruela, Pozos y giro peligroso hacia el adoquinado de la calle del edificio viejo de la Universidad (San Francisco).

Empieza la sangría...  (Foto: Luis Cue)
Aprieto, y en la subida de Toreno  a punto estoy de contactar de nuevo con cabeza de carrera, pero pronto el panorama se torna feo, empieza la bajada y el curveo y los pierdo de vista. Antes de terminar la primera vuelta llegan por detrás Zapico y Toñín, que me pillan despistado al inicio de la subida a Santa Cruz. Me sacan 50 metros en los primeros 100, ¡van como aviones! pero son la excusa perfecta para apretar el culo, consiguiendo pillarles justo al coronar en Santa Susana. Y se repite la historia, duro con ellos lo que tarda la carretera en ponerse cuesta abajo. Los pierdo en el giro de derechas hacia Toreno y me vuelvo a quedar solo.

¿Cuántes vueltinas queden oh?  (Foto: Luis Cue)
Dos grupos perdidos en la primera vuelta, y quedan 4... ¡qué sangría! Sigo pensando que lo mejor en no jugársela, y completo tranquilo la segunda vuelta, al final de la cual me pillan Jorge Granda, Eloy, Giraldo y Jorge Blanco. No llevan el ritmo de los primeros grupos, pero van demasiado fuerte para mí en las curvas. Aún así, y pese a ir quedándome en cada bajada, consigo siempre contactar en las subidas y en el llano de Santa Susana. Me entretengo en este juego del gato y el ratón, y voy haciendo la goma las tres vueltas restantes. Procuro, al menos, exigirme subiendo, y siempre con una cadencia alta, consigo recuperar metros con mis predecesores. Además, las sensaciones cuando la carretera se pone hacia arriba son muy buenas, así que si consigo llegar vivo a la T2, habré cumplido con la premisa de llegar sano y salvo y haber metido algo de calidad para el cuerpo.

Llegamos a la segunda transición y me bajo en el puesto 13, sin opción a nada más que a maquillar un resultado discreto en un día en el que no me atreví a rendir al nivel que tengo. Empiezo a correr a ritmo, y a los 500 metros ya había pasado a mis compañeros de bici, colocándome noveno. Por delante había un mundo con los del grupo de cabeza, pero mi idea era la de hacer un buen parcial a pie, independientemente de las opciones de pillar a alguno de ellos, así que seguí tirando y tirando hasta que, a falta de 400 metros contacté con Zapico y Toñín Suárez. De ahí a meta solo quedaba bajar por la paralela a Toreno, giro a la derecha y toda la recta del Paseo Los Álamos. Me lanzo hacia abajo. Toñín lucha por cambiar, es un guerrero bueno y no me puedo fiar, pero cuando curvamos para enfilar los 200 metros llanos hasta la meta, me quedo solo y cierro un parcial más o menos digno en un duatlón que no fue lo que me hubiese gustado, pero que tampoco me deja mal sabor de boca.

Voy jodido, aunque no lo parezca ¿eh?  (Foto: Luis Cue)
Segundo mejor parcial a pie en el segundo segmento, solo superado por Karich, que ganó la carrera y corrió unos 10 segundos más rápido que yo esta última parte. Me hubiese gustado bajarme de la bici metido en la pomada y haber podido disputar a Bayón, Barroso, Diego, Aurelio y Ciro, ese segundo puesto tan reñido, pues el primero ya tenía, nacionalidad, apellido y nombre: Barhain, Moussa, Karich
Y con este calentón cerramos una semana más y una semana menos para los siguientes objetivos. La próxima cita será en 7 días en Santander, con el Duatlón de mi segunda casa, y después empieza el baile por el que estoy entrenando duro día a día. Pero vamos a seguir la mentalidad "cholista" de "partido a partido" y pensar solo en la siguiente.

Saludos a todos y gracias a los que os acercasteis a vernos en esta mañana gris, típica asturiana.

martes, 7 de marzo de 2017

DUATLÓN DE GALIZANO 2017: Estrenando equipación con una medalla de chocolate

*Hoy empiezo la crónica por el final, por los agradecimientos a los artistas que nos han fotografiado en el Duatlón de Galizano, en especial a Jorge Morales y Marta H. P. (M&m). Esta crónica no sería lo mismo sin sus "robados". GRACIAS
Y por fin tengo la colección completa...
Parece mentira que no haya sido hasta la séptima temporada que hago duatlón, cuando he debutado en la prueba de Galizano. Siempre me había coincidido con algo, pero este año sumé a la lista otro de los clásicos del Circuito Cántabro.
Desde Astillero la cosa ha ido a mejor. Cada día me he visto un poquito por encima del anterior, con buenas sensaciones y afinando. A pie han empezado a salir ritmos "majos" y en bici... pues bueno, no voy a decir que estoy mal, pero tampoco estoy como para tirar cohetes. Faltan kilómetros, adaptación muscular y sobre todo, acostumbrarme a sufrir sobre las dos ruedas. La semana antes de Galizano rescaté la cabra de su letargo post-Iroman 70.3 de Santa Cruz, que ya habían pasado casi 6 meses, y la puse en carretera por primera vez el Miércoles. Una horita dando vueltas a Prezanes para hacerme a la posición de acoplado y otra horita el Jueves con algún toque de intensidad. Lo justo para saber que el Domingo en Galizano podría domarla.
Consciente de la importancia del segmento ciclista de este duatlón, debía ir con la cabeza puesta en sobrevivir en bici e intentar abrir brecha a pie. En la lista de inscritos había varios viejos rockeros, conocidos todos, y que se desenvuelven bien sobre las dos ruedas: Toñín Suárez, Roberto Cuesta, Guerra, Mendiguchía, Peláez, Romayor... y varios nombres de fuera que no conocía, pero que seguro que alguno iba a estar en la pomada, como así fue.
Llegamos a Galizano con la incertidumbre meteorológica y amenaza de lluvia y viento, que, por suerte, solo se quedó en esto último, un viento del Oeste pestoso que soplaría en contra en los 4 km de ida por la eterna recta de Galizano (sentido Somo) y a favor en la vuelta. Un suplicio para nuestras cabezas, que psicológicamente no están preparadas para tanta hostilidad jejeje.
Además de debutar en este Duatlón, el equipo Bender lució sus mejores galas, estrenando equipación (perdonadme al resto de equipos, pero es obvio que a día de hoy tenemos los tritrajes más bonitos) y presentando novedades en la alineación, tanto masculina como femenina. Por la parte de los chicos, Pepín Fuentes Pila volvía a vestirse de corto en este tipo de pruebas. Compartir equipo con este súper atleta es un lujo, aunque luego en carrera sea un rival duro. Nuestro presi, Pablo, también volvía al ruedo tras meses de calvario con una lesión que le impedía correr, pero yo sé que volvía más motivado que nunca y con ganas de soltar toda esa adrenalina de tanto tiempo sin competir... y vaya si lo hizo ¡CARRERÓN! El cuarto integrante, Sobaler, también debutaba este año e iba a ser clave su actuación para la clasificación por escuadras. En el apartado femenino, Vanesa, Melanie y Carolina marcarían un hito en la historia de este modesto pero posturero club: por primera vez, tendríamos tres chicas absolutas en parrilla de salida, solo una más y puntuaríamos por equipos.
Bueno, que me enrollo...
Con más de media hora de retraso fuimos llamados a formar en el arco de salida los más de 100 participantes, dispuestos a darlo todo en 6 km a pie con cuestas y viento, 32 km de bici por la recta de las lamentaciones, dando cuatro vueltas, y un segmento final de 3 km a una vuelta. Todo listo en el tranquilo pueblo cántabro, y con el "¡A sus puestos!" de Federico, sonó el bocinazo que dio paso a una estampida multicolor con ganas de sudar la gota gorda.
A los 100 metros de salir, Pepín ya nos sacaba 50. Sus cartas estaban claras: abrir hueco a pie y controlar la distancia en bici como pudiese, que en vistas a los toretes en bici que vendrían por detrás, no iba a ser nada fácil. Los primeros metros son frenéticos. Mendiguchía, Toñín y un chico de fuera, Julen Díez lideraban el pelotón en el que agazapado, veía pasar el asfalto a un ritmo inferior a 3'/km. ¡A donde vamos! A los 800 metros el ritmo decae y aprovecho para escaparme en una persecución imposible a Pepín.
Los dos Bender liderando la carrera, preciosa estampa, pero poco realista, pues todo se iba a decidir en el segmento ciclista. A mitad de primera vuelta el hueco con Pepín era de unos 15 segundos, incrementándose a 25 en el primer paso por meta, más o menos la distancia que yo les sacaba a mis perseguidores. Perdido en tierra de nadie y con la sensación de ir un poco pasado de ritmo, decido aflojar algo en esta segunda vuelta, en la que me vuelven a caer otros 25" con Pepín pero amplío ligeramente la ventaja con los de detrás.
Me subo a la bici y salgo con ganas. Aún no había curvado para enfilar la recta y ya estaba pensando en el vendaval que nos iba a dar de cara en cuanto lo hiciera. Llegó el momento, me acoplo en la "Avenger", agacho la cabeza y empiezo la tortura. ¡Qué dolor de patas! Además, esos primeros 2 kilómetros pican hacia arriba y son matadores. Entre ceja y ceja mi compi del Bender, Pepín, a quien veo al fondo, pero no muy lejos. Llegamos al giro y toca volver por primera vez. Voy tan ciego y tan pasado que se me olvida coger tiempo con el líder, así que tengo que esperar al siguiente giro de vuelta para hacerlo. Visualmente es difícil hacerse una idea de si estás recortando o no hasta que te cruzas con él en el mismo punto y puedes coger referencia. Por detrás viene un grupo bastante junto y muy cerca, pero intento centrarme en lo mío.
Termino la primera de las 4 vueltas demasiado pasado y habiéndole reducido la distancia a Pepín hasta los 20''. La cosa pintaba muy bien, pero fue un mero espejismo, pues al afrontar de nuevo la ida con el viento de cara, me vine abajo. Las piernas se quedaron sin chicha y no encontraba el desarrollo cómodo. Cambiar de piñón constantemente, denota que algo no va bien. Consigo llegar al final de la recta segundo, pero en un abrir y cerrar de ojos, Díez me quita las pegatinas. Otra liga en bici. No puedo cogerle la referencia y se me escapa rápidamente. Pepín me mantiene la diferencia e incluso me la amplía a 30'' al final de la segunda vuelta.
Entro en crisis mental ¿quién será el siguiente en pasarme? Pero a la vez intento convencerme de que hay que pelear hasta el último suspiro. Intento motivarme con cualquier cosa para no dejar que se me vayan los watios, pero la "lijada" que me pegan Guerra y Cuesta (Triatlón Santander) es antológica. Me siento un muñeco de trapo a su lado, y les veo, con rostro desencajado, perderse en el horizonte. Siguen sin venir las sensaciones, aunque los watios no van del todo mal (260 medios más o menos). Las opciones de pódium se complican, aun más cuando a falta de vuelta y media es Toñín Suárez el que me pasa. Se me enciende entonces la bombilla y parece que el respiro que me he tomado ha servido para volver a coger ritmo. No se me va mucho y a unos 100 metros le mantengo la referencia. Intento que me sirva de guía para que la sangría de segundos con los tres primeros sea la menor posible.
En ese momento soy sexto y, por suerte, la bici se esta acabando, aunque antes de posarla en boxes aún hay tiempo para que Romayor me alcance, llegando a boxes juntos y saliendo a correr él por delante. Empiezo el último segmento en séptima posición, con solo 3 kilómetros por delante y más de minuto y medio con el tercero. ¿Misión imposible? Quizás, pero no me voy a quedar con la duda. Salgo con todo, aunque no tan fresco como en Astillero.
Una bici sin drafting y en la que estás dando pedales todo el rato las piernas llegan saturadas. No hubo respiro alguno y eso se nota en los primeros metros de carrera a pie, aunque tardo poco en empezar a coger sensaciones. A los 200 metros paso a Romayor y me pongo sexto. Delante, a 50 metros, llevo a Pepín, que está adelantando a Toñín Suárez. Yo también hago lo mismo con el múltiple campeón regional de duatlón y me pongo a perseguir a mi compi de equipo. Vamos cuarto él y quinto yo, y por delante un mundo hasta el tercero.
En el km 1,5, tras una bajada, alcanzo a Pepín y nos ponemos a darle juntos. Nos tratamos de animar para pillar el pódium. A falta de 400 metros la gacela que me acompaña mete la directa y me saca de punto, pero no llega a contactar con el tercero y terminamos la carrera juntos, cuarto y quinto. ¡Al palo! Por delante entraron Guerra, Cuesta (ambos del Santander) y Díez (Galdakaoko Triathlon).
No pudo ser, se luchó hasta el final y nos defendimos como pudimos en un duatlón adverso para nosotros, así que tras darlo todo solo puedo estar satisfecho por ello. Aún queda mucho que mejorar en bici y también tiempo para ello, pero los objetivos están a dos meses de aquí y lo de hoy era normal que pasara.
Enhorabuena a todos los sufridores que desfilasteis por la recta de las lamentaciones, por la que creo que hemos dejado un rosario de lágrimas de sufrimiento.

Próxima parada:  Duatlón de Oviedo